Al interpretar la lectura del hipertexto, cada lector parte del contexto propio y del que le va sugiriendo la obra, por lo que cada lectura será única, no llegando -excepto en casos extremos- a la situación de pérdida o agobio producido por un exceso de información, sino a una sensación de tener la responsabilidad de la navegación realizada, del texto construido, dentro de los límites que el autor y el programa han establecido.
De todos modos, es importante conocer la “estética de la frustración”, que conlleva, según Bootz, una función destructora de la mirada y de la lectura del lect-actor y la tensión que genera. El lect-actor es lector e interventor técnico y por lo tanto, según Bootz, forma parte del dispositivo de la obra. De hecho, cuando no hay final en un hipertexto literario de ficción, o tiene varios "finales" posibles, ello podría ser frustrante, si no fuera porque en la misma vida ya se reproduce esta situación y puede haber una multiplicidad de finales o no haberlos…
El fracaso de la lectura es imposible, ya que el lector puede generar el sentido, abandonando la lectura...
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